Jueves, 02 Enero 2020 02:26

Producir algodón certificado, una meta posible para una cadena clave en el norte argentino

Desde la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) se impulsa una idea interesante para la cadena algodonera, que tiene un gran potencial para generar desarrollo económico en el NEA. La posibilidad de que los productores algodoneros accedan a una certificación internacional prestigiosa, que es la llave para acceder a los mercados más importantes del mundo.

Se trata de la iniciativa por un mejor algodón (BCI por sus siglas en inglés: Better Cotton Initiative), la certificación sustentabilidad de algodón más grande del mundo. Lo que Aapresid quiere lograr es la licencia para lanzar proyectos de desarrollo del sector en la Argentina, con eje en este programa que apunta a certificar el 30% del algodón mundial.

El algodón se usa en el 40% de los textiles mundiales y fue el blanco de recientes reclamos sociales, entre los que se destacan publicaciones alegando restos de químicos en dispositivos femeninos en Estados Unidos y Europa. Además, el cultivo que sustenta a más de 300 millones de agricultores en 80 países es vulnerable a los desafíos del cambio climático, como la escasez de agua y la presión de plagas.

En este contexto, la certificación BCI brinda capacitación sobre prácticas agrícolas sustentables a más de 2 millones de productores de 21 países. Compuesto por más de 1.400 miembros de la cadena entre minoristas, proveedores y fabricantes, organizaciones de productores y de la sociedad civil, BCI ya cuenta con el respaldo de grandes empresas de indumentaria que utlizan el algodón como insumo.

En la campaña 2017-18, los productores certificados BCI produjeron más de 5 millones de toneladas de algodón "Better Cotton" en 5,3 millones de hectáreas, suficiente cantidad para hacer más de 2,5 billones de pares de jeans.

El comercio de algodón BCI se realiza por “cadena de custodia” o “balance de masas”. Al no requerir la segregación física del producto a lo largo de la cadena, esta metodología resulta simple, rentable, y por lo tanto alienta a la compra de mayores volúmenes de material certificado.

Cada fardo BCI cosechado es identificado, y cada kilogramo equivale a 1 crédito BCI. Dichos créditos serán requeridos por los actores de la cadena que quieran suministrar algodón certificado para, por ejemplo, confeccionar una prenda. Así, es la compra y venta de créditos la forma en que las marcas aseguran el apoyo a la producción de algodón sustentable, independientemente del destino final del algodón físico.

En Argentina, la producción algodonera enfrenta desafíos que incluyen la marginalidad geográfica, los problemas climáticos y ambientales, la inestabilidad política, la legislación, la educación y los niveles de pobreza.

En este contexto, Aapresid lidera un proceso para adquirir la licencia BCI a nivel país. Esto permitiría comenzar la implementación del estándar a nivel local y la capacitación a productores para hacer frente a las distintas problemáticas. Pero para esto, Aapresid necesitará del apoyo de todo el sector, desde los productores hasta la industria, pasando por la articulación público-privada y referentes técnicos.

La certificación BCI propone un sistema de mejora continua apoyado en un enfoque holístico y contando con herramientas que permiten trazabilidad en los procesos de campo. La certificación cubre los tres pilares ambiental, social y económico, y tiene la particularidad de estar diseñado para asegurar el intercambio de prácticas y alentar la acción colectiva entre actores.

En la Argentina, el consumidor no paga un “plus” por acceder a información relativa al origen del producto, son las empresas quienes traccionan la cadena hacia atrás, entendiendo el concepto de “costo de transacción” como fundamental para la sustentabilidad de su negocio.

Esto significa que las iniciativas de certificación sirven como apalancamiento para el correcto funcionamiento de su cadena comercial.
 Bajo el mismo concepto, aquellos productores que entienden su rol dentro del ecosistema de agronegocios se embarcan de forma proactiva en estas iniciativas, que les permiten tomar la delantera transparentando sus procesos y logrando un equilibrio entre producción y ambiente que asegure la continuidad del negocio.

Clarín