Jueves, 23 Abril 2020 02:25

Coronavirus. De la boina a los barbijos, cómo cambiaron los remates ganaderos

Antes de la pandemia por el coronavirus, los remates ganaderos en el interior venían concentrando, como habitualmente ocurría, una gran cantidad de público. La emergencia los frenó, pero en los últimos días se reactivaron algunos que son presenciales con cambios significativos: solo están asistiendo a las subastas personas autorizadas, compradores previamente en una lista e interesados para evitar amontonamientos y posibles contagios. En este contexto, donde solían lucirse las boinas ahora también lo hacen los barbijos.

Nicolás Fernández, representante de la firma Martín G. Lalor, contó que en el tiempo que lleva trabajando en el sector "jamás vi una situación similar" en la que tuvieran que controlar que los compradores estuviesen a dos metros de distancia y usaran barbijos.

El lunes pasado, la firma decidió llevar adelante un remate de ganado en pie en la ciudad de Rauch, provincia de Buenos Aires, y ayer lo hizo en Lincoln. Fernández detalló que en el primer caso los controles se hicieron con el acompañamiento del personal de la feria y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

Las autoridades municipales de Rauch le advirtieron a la organización del evento que solo se iba a permitir el ingreso de los compradores de la localidad y aquellos que fueran de otros pueblos no podrían ingresar al predio.

Por ese motivo, a la subasta solo asistió menos de una decena de personas. La mayoría de los compradores estaban al teléfono. "Hicimos venta al oído y desde ahí hicieron las compras, designándoles un precio que les conviniera a ambas partes. No se martilló y solamente pudieron entrar los compradores locales", añadió Fernández.

En el remate en Lincoln también se van a tomar los recaudos necesarios, según indicó Ignacio Moromell, uno de los titulares de Martín G. Lalor que hará la subasta. "No pueden asistir vendedores, no hay almuerzos. Se armó un listado con el nombre de los compradores para ingresar que se entregó a la Municipalidad. Van a entrar entre 10 y 12 personas. El remate se va a hacer con distanciamiento de dos metros entre cada comprador. Se va a hacer lo más dinámico posible cuando se haga el remate. Los compradores se van a acercar a nosotros con un papel con el que les entregamos todas las tropas que ellos compraron", dijo.

En tanto, en 17 de Agosto, partido de Puan, Roberto Bertín, titular de la firma Bertín, llevó a cabo un remate en el que, según detalló, debieron solicitar las autorizaciones correspondientes de sanidad y habilitaciones del Municipio para poder subastar.

"Desde el día antes cerramos toda la hacienda y retiramos el personal. Cuando llegó el remate no había nadie del personal administrativo en el predio. De la firma solo fuimos cuatro personas en el que está incluido un martillero. Todos usamos barbijos y llevamos alcohol en gel para la gente", manifestó Bertín, quien además indicó que, en total, en el predio rural "no había más de 15" personas.

Las ventas se hicieron vía telefónica y otras presenciales con los ocho compradores que asistieron. "La Municipalidad hizo un control con personal para que todo el mundo estuviera con barbijo o tapabocas, sin excepción", describió Bertín.

Sobre cómo se controló quiénes eran verdaderamente compradores, 48 horas antes tuvieron que mandarle la nómina a la policía para que los dejaran pasar. Además, por seguridad los camioneros no estaban autorizados a bajarse de las cabinas.

Renata Gabarini, de Ganadera Salliqueló, contó que para una subasta en esa ciudad a la policía de patrulla rural se les proveyó barbijos de la firma para que se los entregaran a los compradores en el control de acceso a la ciudad. También se verificó que los posibles compradores tuvieran el permiso adecuando para poder circular y les pidieron ingresar hasta el predio por caminos rurales sin entrar al pueblo.

La policía y personal del Municipio fueron los responsables de vigilar que no hubiera amontonamientos entre el personal de la firma, el administrativo y los compradores. Y, según describió Gabarini, en total, los asistentes no superaron las 30 personas "en un predio que es al aire libre" y lo suficientemente amplio.

"El personal de salud de Salliqueló fue a controlar la temperatura de la gente que asistió a la subasta, que no fueran oriundos de la región para chequear que no tuvieran fiebre y se hizo una base de datos de todos los que asistieron", precisó.

"El remate duró una hora y treinta minutos, y la gente estuvo siempre con barbijos y respetando las distancias sociales. Hay que recordárselo, pero dentro de todo no hubo ningún problema. Una vez que hicieron las compras, se retiraron por la parte administrativa y por las áreas rurales", concluyó.

La Nación - Belkis Martínez