Lunes, 01 Junio 2020 02:25

Historias productivas: El pollo orgánico busca reconquistar a un consumidor exigente

Mientras la avicultura industrial, consolidada en el mercado interno y la exportación juega su rol como fuente de proteína animal económica para el mercado interno y fuente de divisas para el país, con su llegada a distintos mercados, otras formas de producción de carne de pollo se dan en menor escala, pero para un mercado de mayor poder adquisitivo y que busca otro tipo de producto.

Tal es el caso de los pollos camperos y los orgánicos. Se trata de animales que tienen una crianza bien distinta, que incluye aviarios donde caminan, otro tiempo de engorde y, en el caso de los orgánicos, un largo y minucioso proceso de certificación de instalaciones, alimentos y procesos, normado por la Ley 25.127 de Producción Orgánica.

En ese segmento, en febrero pasado se realizó la primera faena de pollos orgánicos y en las próximas semanas será la segunda. Está a cargo de la empresa Cocorokeen, ubicada en Carlos Keen, Luján, BA.

Darío Ortiz, titular del emprendimiento, cuya primera faena llegó a las 4.500 aves, un número ínfimo al lado de las más de 100.000, de las grandes industrias pero para otro mercado, señala su idea del negocio al ser un pollo de nicho, es acostumbrar a la gente a que los reserve para recibirlos frescos. Los no reservados de congelan y se van vendiendo entre las faenas.

“Disponemos de pollos cada dos meses. Estamos trabajando para ganar clientes. Lo estamos vendiendo a consumidor final. Lo hacemos a través de 2 distribuidores del “mundo orgánico” con más de 20 años de trayectoria, y 4 carnicerías y 2 locales orgánicos certificados a los que llegamos y el resto se vende “puerta a puerta” a través del manejo de redes.

La diferente crianza y su escala mucho menor implica un precio muy superior.

"El pollo orgánico entero de la marca vale $ 650/kg al público. Estamos intentando que ese nicho que no consume pollo industrial vuelva a comerlo, pero de otro tipo. Muchos son orgánicos. Es un mercado donde el poder adquisitivo no es una limitante y es un producto que no compite con otro tipo de pollo. En Francia el pollo orgánico vale €10/kg y, en EE. UU,. USD 9/kg”, explica Ortiz.

“El negocio no está cerrado. Estoy vendiendo en un contexto complicado pero la gente vuelve a comprar y estoy abriendo el mercado, ya que no tengo el techo al que puedo llegar vendiendo pollo orgánico. Uso 3 personas para producir 4.000 pollos, en una granja que tiene capacidad para producir 45.000 pollos. Todos los gastos que tengo para 45.000 pollos actualmente los destino a 4.000. Al momento de faenar (en un frigorífico que le da el servicio) pago $25/kg cuando en la industria vale $12/kg; se abusan en el precio por el tipo de producto”, dice Ortiz.

La próxima faena será en estos días, a mediados de mayo, aunque serán alrededor de 2900, debido a la baja en la demanda a raíz de la cuarentena, que provoca un problema logístico para el faenador y por la situación económica general.

Si se criara en forma diferenciada (campero pastoril) con alimento común, el valor de ese pollo podría llegar a unos $325/kg.

Respecto del precio de un pollo orgánico, Ortiz explica que su valor es 4 a 1, respecto del industrial, siendo 2,5 el de un pollo campero no orgánico. La gran diferencia de valores tiene mucho que ver con el respeto a los procesos que figuran en la ley, entre ellos la alimentación de los pollos.

“El alimento balanceado orgánico se hace comprando los granos certificados orgánicos en la planta acopiadora por separado y se produce en la granja, agregándoles el núcleo mineral”.

Volviendo a los $650/kg de un pollo orgánico, si se divide ese valor por 4 da unos $160/kg, que se aproxima a los $140/kg que puede valer un pollo común en una carnicería de barrio.

“Tuve que poner un precio sugerido al público ($ 650/kg) y de ahí bajé bonificaciones, para llegar a un precio que justifique mi trabajo. Pero si yo ponía mi precio y dejaba que el comercio orgánico le ponga un valor final no hubiera vendido un solo pollo. Los comercios orgánicos bien ubicados marcan un 60%. El pollo orgánico cuesta producirlo. Si lo dejo en manos del comercio orgánico convencional, destruyen el producto”, explica.

Ortiz sostiene que los comercios orgánicos tienen que hacer un trabajo comercial de posicionamiento del producto pollo orgánico entre sus clientes. “El mundo orgánico trabaja con tiempo. Por eso les pido que hagan el ejercicio de trabajar con el pollo como producto de temporada, sabiendo que tenemos una faena cada 2 meses. Así, los 15 días previos a la faena van a trabajar para vender el pollo y con un listado de reservas por local, junto la cantidad vendida. Así, si faeno 1000, entrego 500 frescos reservados y los 500 restantes se congelan. Los 500 entregados al llegar frescos ya están vendidos. Y no hay ningún negocio en la Argentina que deje entre 26 y 40% en el día”, sostiene.

Respecto de la evolución del incipiente comercio de pollos orgánicos en los próximos tiempos y en el actual contexto, Ortiz cree que “si no se levanta la cuarentena, van a bajar los consumos. El mercado orgánico no depende del ingreso, es mucho más reducido, pero le pone mucho el ojo al precio. Igualmente, no peleo contra mis distribuidores”, sostiene.

Sucede que el emprendimiento es de largo alcance y recién está comenzando.

“Tenemos un proyecto de productores orgánicos para hacer recetas con nuestros pollos. Estoy tratando de generar un volumen de clientes. Cuando se agranden los pedidos, venderé de a 1, en vez de a 3 y le agregaré otros aditamentos. Por ahora tengo un solo producto, lo que hace más difícil la venta. No tengo un listado de precios, pero al mercado del mundo orgánico lo estoy tratando de convencer de volver al pollo tradicional.

Ortiz está en plena etapa de instalación del producto y consolidación de un mercado aún incipiente pero que tiene gran potencial. “Estoy en una etapa de crecimiento sumando clientes nuevos, tratando de llevar el pollo orgánico a Rosario, Pilar, y las zonas de countries del Norte y Sur del conurbano bonaerense”.

Para testear y probar el producto aprovecha el movimiento de cocineros que fomentan el consumo de productos como este tipo de pollos y los aprovecha. “Estoy usando mucho a los chefs. Ellos no lo usan para su mercado (restaurantes gourmets) porque es un producto costoso y no pueden remarcarlo e incluirlos en su menú, pero lo comen porque les gusta, porque es más sabroso y rico. Y lo difunden en sus redes sociales, lo que es de gran ayuda para promocionar el producto”.

Clarín – Gastón Guido