Lunes, 10 Agosto 2020 02:28

Costos y márgenes. Maquinaria agrícola: cómo afecta la rentabilidad del productor a la renovación de equipos

Con cada nueva generación de máquinas se trata de bajar costos de producción y aumentar la productividad. Es un proceso constante desde que los equipos mecanizados se aplican a la producción agropecuaria. Y es un proceso continuo. En la actualidad se habla de producir más alimentos y bienes para la sociedad, tendiendo a la utilización de insumos de un modo más racional y efectivo. Y respetando el medio ambiente.

En ese sentido, es necesario tener en cuenta que en la producción del campo los resultados se alcanzan cumpliendo los ritmos de ciclos naturales. Ciclos que son prácticamente invariables, al menos en el corto plazo. El tiempo para hacer una tonelada de grano o una de carne es rígido, y para que se inmovilice capital en ese tiempo se necesita confianza en el sistema económico. Ya se precisa ser bastante intrépido para arriesgar el dinero considerando las imprevisiones climáticas y de mercado. Para ellas existen los seguros, que al menos en parte atenúan los grandes cambios.

También para morigerar esos cambios, en las economías de los países más tecnificados el productor por lo general es ayudado por los estados. Se sabe: la inversión más dura en capital, mano de obra, conocimiento, tecnología, tiempo está hecha; sólo falta ayudar para corregir desvíos importantes.

El objetivo es asegurar la producción de alimentos y bienes por un lado, y por otro, evitar que la gente ante malos resultados económicos abandone su lugar de trabajo y de residencia y busquen su sustento en las grandes ciudades.

Pero en la economía argentina los vientos suelen soplar en contra. Para graficar la afirmación, a manera de ejemplo, se puede revisar la producción de soja, una de las principales de nuestra economía, aunque no la única, claramente.

Resulta que el ingreso bruto para quienes siembran soja (rinde del cultivo por el precio del producto) ronda los 1.190 U$S/ha. Un rinde de 3,7 toneladas por hectárea con un precio de 321,60 U$S/tn. De ese valor, el productor deja el 33% para el Estado en concepto de derechos de exportación. Con el 67% restante se pagan gastos de cosecha, comercialización, insumos, labores, alquiler del campo y otros impuestos (ganancias, ingresos brutos, impuesto al cheque).

Por ello, cuando se revisan los costos y resultados de algunas actividades del campo, no se pueden dejar de lado tales evidencias.

Se sabe que rentabilidad es la relación entre la ganancia y la inversión necesaria para alcanzarla. Es la relación entre lo alcanzado y el esfuerzo hecho para lograr ese resultado. En el colegio, es la nota lograda en relación a las horas de estudio.

Parte de ese esfuerzo es el dinero destinado a gastos relacionados con la maquinaria. En líneas generales, entre el 20 y 25% de ese esfuerzo se destina a gastos relacionados con la maquinaria. Sin derechos de exportación ese porcentaje sería de entre un 13 a 15%.

A este porcentaje del costo es conveniente agregar la expectativa que genera la confianza que se tiene en una inversión cuando el que toma el riesgo está seguro de que no le cambiarán las condiciones de comercialización en alguna parte del ciclo de producción.

Ejemplos de nuevos equipos que bajan costos y/o aumentan la productividad se pueden ven en todos los rubros.

Entre ellos, se pueden mencionar las segadoras de forraje que cortan por discos con pequeñas cuchillas y que incluyen un acondicionador. Estas reemplazan a las cortadoras de hélice. El objeto es lograr mayor volumen de heno y de mejor calidad por unidad de superficie y unidad de tiempo.

En tractores, los modelos con sistema hidráulico de centro cerrado, caja de marchas de mejor escalonamiento y rodado radial es mejor que el tractor con sistema hidráulico de centro abierto y rodado con telas en diagonal.

En siembra, las máquinas con dosificación de semilla neumática y trasmisión electrohidráulica se van difundiendo. Y reemplazan a los modelos de dosificación mecánica, trasmisión con rueda motriz y caja de cambios.

Y también cada vez más gente conoce los beneficios del piloto automático y así van ganando espacio las sembradoras con brazo marcador mecánico. Para ello es preciso aumentar el área con señal satelital y de telefonía celular.

También se sabe que una fertilizadora con dosis variable ó una pulverizadora con corte por pico y ajuste de caudal por pico manteniendo constante el tamaño de gota, son más productivas que las máquinas de dosificación constante para toda la aplicación.

Asimismo, es evidente que las cosechadoras sin control automático de calidad de granos, ni control de pérdidas de cola, son reemplazadas por los nuevos modelos con ajuste autónomo de los órganos de trilla y limpieza.

Todos los avances mencionados, en verdad no son novedad y algunos llevan tiempo en el mercado. El punto es ¿por qué no son admitidos con mayor ritmo por el productor? Las razones son varias, pero una clave es si cada mejora se paga con el resultado de sus prestaciones.

La incidencia de los costos directos en la producción --entre los que están los imputados a la maquinaria-- y la confianza depositada en las condiciones de comercialización de los productos del campo, definen en parte el ritmo de la inversión en maquinaria. Y ello está más allá de la disponibilidad de crédito, ya que lo importante está en la rentabilidad, que hace a la sostenibilidad.

Clarín – Juan B. Raggio