Martes, 18 Agosto 2020 02:28

El clima pone límites al trigo pero, por ahora, frena las enfermedades

El clima no está siendo un aliado de la campaña invernal 2020/2021: la falta de lluvias ha reducido las perspectivas productivas en gran parte del país y a eso se sumó una fuerte ola de heladas que ha dejado daños en lotes de la zona núcleo nacional. Sin embargo, no todas son malas noticias para el trigo y la cebada: este escenario climático permite frenar la proliferación de enfermedades, como manchas y royas. “Estamos detectando pústulas en muchos lotes, pero aún no hay progreso de la enfermedad. Hay roya de la hoja y roya amarilla, pero los trigos aún están muy chiquitos, con escaso desarrollo. El clima está muy seco y eso ayuda a que el panorama todavía no esté complicado”, destaca Lucrecia Couretot, experta en fitopatología del Inta Pergamino.

Para Couretot, un problema es que 80 por ciento de las variedades sembradas en Argentina son susceptibles a la roya; por eso, están dadas todas las condiciones para que haya una epidemia si llegan lluvias y levantan un poco las temperaturas.

Bajo este panorama, la especialista recomendó monitoreos cada una semana en los que se releve la incidencia; es decir, cantidad de hojas afectadas sobre hojas totales.

“Por ahora, estamos con una incidencia baja, de entre dos y tres por ciento. Para roya, hay que esperar que llegue a entre siete y 12 para decidir aplicaciones. Para manchas, entre 15 y 30 por ciento. Siempre dependiendo de la situación del lote, el cultivo antecesor, la variedad sembrada y las condiciones ambientales”, enumera.

No realizar a tiempo los monitoreos y, en consecuencia, las aplicaciones, no es gratuito: por cada porcentaje de severidad, la roya de la hoja resta 50 kilos de rinde; la amarilla, 70 kilos; y las manchas, entre 20 y 35 kilos por hectáreas.

Tratamientos

Según la experta del Inta, para decidir el tratamiento químico hay que tener en cuenta, entre otros factores importantes, los estadios en que se encuentran los lotes. “Primero hay que intentar bajar la cantidad de inóculos y después sumar una aplicación en las hojas que aportan más rinde, que son bandera y bandera -1. Allí hay que utilizar el mejor fungicida, aquel que tenga más persistencia”, menciona la especialista.

Para Matías Retamal, gerente de Fungicidas de FMC, esa alta tasa de varietales susceptibles a enfermedades es uno de los factores de riesgo más altos que tiene la campaña. Y al margen de que las condiciones ambientales por ahora no son propicias para que le enfermedad se propague, recomienda estar expectante ante posibles cambios en el clima.

Si los niveles de incidencia crecen hasta un umbral que demande aplicaciones, la sugerencia de FMC es un escalonamiento con dos productos: Nanok y Rubric Max.

Según Retamal, “la diferencia técnica entre ambos, para definir cuál aplicar, depende de la alarma o la alerta que despierte el monitoreo”. Nanok es un fungicida mezcla de estrobirulina y triazol con amplio espectro de control de enfermedades y fuerte poder de penetración en la planta.

Además, tiene muy alta residualidad y total selectividad: cubre roya anaranjada y amarilla, manchas amarillas, de la hoja y marrón en trigo; y manchas en red, de la hoja y borrosa en cebada.

La recomendación es una dosis de 600-700 centímetros cúbicos por hectárea, combinado con Biofusión, un co-factor totalmente natural que posee destacadas virtudes técnicas entre ellas contribuye en aumentar y mejorar la calidad de aplicación.

Además genera mayor tasa de penetración, aumenta la eficiencia de control de patógenos y evita pérdidas por evaporación. Es un producto totalmente amigable con el medio ambiente, que viene a ser en este caso, el complemento ideal para Nanok y Rubric Max.

Rubric Max, en tanto, es un fungicida líder de mercado con un espectro de control más amplio: cubre todas las enfermedades del complejo de cereales de invierno. Está también compuesto por estrobirulina y triazol, pero incorpora como diferencial Epoxiconazole. Este producto se recomienda para estadios reproductivos más avanzados, en dosis de es una dosis de 500 centímetros cúbicos por hectárea, también acompañada de Biofusión.

La Voz del Interior