Miércoles, 19 Agosto 2020 02:27

Maíz: por qué es clave una nutrición balanceada para alcanzar los rendimientos esperados

Por Martín Díaz Zorita.

Producir maíz es transformar la energía solar en azucares y almacenarla en los granos y otras estructuras de las plantas. Es un proceso continuo desde la germinación hasta la madurez del cultivo en el que son esenciales para su normal funcionamiento muchos elementos. Cuando alguno de estos se incorpora en forma insuficiente el crecimiento se limita y la producción se reduce. El número de granos formados explica estrecha y directamente la producción de cultivos y depende en gran medida del crecimiento activo del cultivo durante estadios vegetativos junto con condiciones ambientales sobre floración. La disponibilidad balanceada de nutrientes es crítica en cuidar una adecuada formación de granos.

En la formación del rendimiento la administración del agua consumida por las plantas (transpirada) es de gran importancia y ante limitaciones en la nutrición se acentúa la perdida de eficiencia de su uso y reduce los rendimientos a lograr. Las mayores brechas, diferencias, en producción se registran en sitios con mayor variabilidad de rendimientos donde modificaciones en la eficiencia en el uso del agua repercuten directa y marcadamente sobre la producción.

Los suelos son el reservorio natural de los nutrientes que requieren las plantas para crecer por lo que es crítico conocer su disponibilidad y si es necesario aportarlos con fertilizantes. En este contexto, los cultivos actuales de maíz en Argentina muestran frecuentes limitaciones en la incorporación de nitrógeno, fósforo, azufre y algunos microelementos.

Estudios recientes sobre la fertilidad de los suelos en una vasta región agropecuaria argentina describen el empobrecimiento en la calidad la materia orgánica y la consistente reducción en las cantidades extractables de nutrientes esenciales para el crecimiento de maíz.

Por ejemplo, los niveles extractables de fósforo limitarían la normal producción de maíz entre el 60 y el 76 % de los sitios de cultivo. Según las regiones de producción, entre el 30 y el 70 %de los lotes presentarían deficiencias de zinc. También, relevamientos del estado nutricional de plantas de maíz creciendo en condiciones frecuentes de manejo tiene contenidos de elementos en las hojas que reflejan limitaciones en su nutrición.

Estudios comparativos de estrategias (planteos) de manejo de nutrientes en diferentes condiciones de producción locales concluyen que las prácticas frecuentes de fertilización implementadas al cultivar maíz, si bien muestran importantes aumentos en la producción son insuficientes para mejorar los rendimientos acordes a las tecnologías actuales disponibles para su cultivo.

Para pasar de las prácticas frecuentes de fertilización a modelos mejorados hay que integrar el diagnóstico conociendo el suelo (muestras acordes a cada sitio productivo), las condiciones de manejo y expectativas de producción y aplicar fertilizantes en forma eficiente.

Las mejoras en la producción al fertilizar se explican por aplicaciones de fuentes con fósforo de base, dosis de nitrógeno proporcionales a los rendimientos esperados en combinación con el uso de azufre y zinc. Al sembrar hacia el inicio de la primavera el crecimiento inicial es lento también lo es la captación de nutrientes con poca movilidad tal como el fósforo y el zinc.

Además, dada la alta frecuencia de lotes agrícolas con bajos contenidos de fósforo extractable fertilizar con este elemento es indispensable para lograr un crecimiento inicial uniforme y vigoroso del maíz. Es indispensable facilitar eficiente incorporación de este elemento en las plantas aplicando los nutrientes localizados en proximidad a los sitios de crecimiento de las raíces.

Al mejorar el manejo del cultivo (nuevos híbridos, ajustes en la densidad y condiciones de siembra y de cultivo, etc.) las expectativas de rendimientos aumentan y en promedio conocemos que por cada tonelada de producción los cultivos necesitan unos 22 kg adicionales de nitrógeno aportados por fertilización.

En algunas regiones parte de las mejoras en la eficiencia de aplicaciones nitrogenadas pasan por el monitoreo y corrección complementaria proveniente del uso de sensores y otras observaciones en el cultivo. También está documentada la mejor eficiencia al aplicar formulaciones acondicionadas de fertilizantes. En todos los casos recordemos que el ingreso del nutriente es disuelto en el agua del suelo y proporcional a la transpiración del cultivo.

Proporcionalmente, al mejorar las condiciones productivas se intensifica la demanda de azufre y hoy lograr un eficiente aprovechamiento del nitrógeno requiere de una adecuada provisión de azufre desde el suelo. En términos generales es conveniente lograr aportes de este elemento próximos a los 10 kg/ha.

Hoy en gran proporción del área de maicera son evidentes las limitaciones en la disponibilidad de zinc. Abundan los suelos con bajos niveles extractables de este elemento y además en su ausencia las repuestas al uso de elementos tales como el nitrógeno y el fósforo se tornan ineficientes. Las correcciones de necesidades de zinc pueden realizarse tanto usando fertilizantes al suelo como en tratamientos de semillas y foliares ajustando según las fuentes y las condiciones de producción el momento, las dosis y las tecnologías de aplicación.

Conocer los sitios de cultivo es más que el análisis del suelo. Esta práctica tiene un uso limitado, tanto en la cantidad de lotes evaluados como en su interpretación e integración en los modelos de recomendación de fertilización.

Los planteos de manejo eficiente de la nutrición complementan los datos puntuales de los análisis de suelos con la caracterización del sitio y del manejo del cultivo atendiendo a estimar la evolución posible de la oferta de nutrientes y también el crecimiento (y rendimiento) esperado.

Nutrir eficientemente maíz, independientemente de la fecha de su siembra, explica hasta casi el 30% de los rendimientos alcanzables y resulta del manejo balanceado de elementos como mejorar la eficiencia de uso del agua en todas las etapas de crecimiento de manera que este no decaiga y consolide un alto número de granos y su posterior llenado.

Clarín