Jueves, 22 Octubre 2020 02:26

Una mirada desde el marco normativo: la ley de semillas ya fue modificada

Por Carlos A. Ripoll.

Por medio de la Ley 24.376/94, nuestro país aprobó el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, correspondiente a la revisión del 23 de octubre de 1978. Esta ley, en su artículo 2º, establece que las disposiciones del convenio prevalecerán, con respecto a los Estados que de él sean parte, sobre la Ley 20.247. Recordemos además que la Constitución Nacional en su artículo 75, inciso 22, párrafo 2, establece que “los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes”.

Tengamos presente ahora lo establecido por el artículo 5º del citado convenio respecto a los actos que requieren autorización del obtentor.

1) El derecho concedido al obtentor tendrá como efecto someter a su autorización previa:

- La producción con fines comerciales.

- La puesta en venta.

- La comercialización del material de reproducción o de multiplicación vegetativa, en su calidad de tal, de la variedad.

El acta 78 no contiene excepciones explícitas a la protección de estos derechos. Debemos entonces preguntarnos cual es el alcance de la expresión “la producción con fines comerciales”, como uno de los actos que requieren autorización del obtentor sobre la semilla producida.

Para conocer lo que la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) dice al respecto nos remitiremos a las notas explicativas sobre las excepciones al derecho de obtentor con arreglo al acta 1991 del Convenio de la UPOV adoptado por el consejo en su cuadragésima tercera sesión ordinaria el 22 de octubre 2009.

Aquí se dan los conceptos sobre lo que implica un fin comercial o no comercial de la producción de semilla de una variedad protegida, explicando el alcance del artículo 15° del acta 1991, que establece como excepción obligatoria al derecho del obtentor “a los actos realizados en un marco privado con fines no comerciales”.

Con relación a este concepto de “actos realizados en un marco privado con fines no comerciales”, en el item 7 de las citadas notas explicativas se da el ejemplo de acto comprendido en esta excepción, que a continuación se transcribe: “De igual modo, por ejemplo, la reproducción o la multiplicación de una variedad por un agricultor con el fin exclusivo de producir un cultivo alimentario para su propio consumo y el de las personas a su cargo que viven en la misma explotación podría verse como un acto realizado en un marco privado y sin fines comerciales. Por lo tanto, puede considerarse que actividades tales como la agricultura de subsistencia, si constituyen actos realizados en un marco privado y sin fines comerciales, quedan fuera del alcance del derecho de obtentor, y los agricultores que realizan este tipo de actividades se benefician libremente de la disponibilidad de nuevas variedades protegidas”.

En este ejemplo muy ilustrativo queda muy claro que “actos en un marco privado” se refiere a la semilla que produce el agricultor en su campo (uso propio), y “con fines no comerciales” o “sin fines comerciales”. Se refiere a la semilla cuyo producto de su cultivo el agricultor destina por ejemplo para su propio alimento, o el de su familia, pero no lo vende ni comercializa.

Hay que destacar que la expresión “la producción (de semilla) con fines comerciales” como uno de los actos que requieren autorización de acuerdo al acta´78, explica por sí mismo su alcance aún sin las notas explicativas y sin el texto del acta´91. De haberse querido referir solamente a la venta o comercialización de la semilla producida, debió decir “la producción (de semilla) para su comercialización”. En cambio al decir “con fines comerciales” abarca cualquier otro fin comercial en el que se encuentre comprometida la semilla, además de su venta y comercialización directa.

Debemos por lo tanto concluir que el requerimiento de autorización del obtentor para “la producción con fines comerciales”, establecido en el acta 1978 alcanza no solamente a la semilla que pueda venderse o comercializarse como tal, sino también a aquella semilla que produce el agricultor para su propio uso y destina el producto de su siembra a su comercialización.

Vemos entonces que producir semilla con fines comerciales significa no solamente producirla para su venta o comercialización directa. Con fines comerciales también implica producirla para integrarla a un proceso productivo comercial cuyo objeto es el lucro o el resultado económico. Tal es el caso de la actividad productiva llevada adelante por un productor agropecuario que entre otros rubros se dedica al cultivo de cereales y oleaginosas, en un proceso que culmina con la comercialización del producto de la cosecha.

En este proceso productivo con una finalidad comercial, la semilla producida y reservada por el productor es integrada a este proceso desde el momento que es utilizada para la siembra del cultivo cuyo producto será comercializado.

En consecuencia la semilla producida y reservada por el productor para la siembra en su propio predio, tiene también fines comerciales cuando es utilizada en una explotación agrícola cuyo objeto es la obtención de un cultivo comercializable.

Cabe señalar que los conceptos anteriores de ninguna forma desnaturalizan el alcance de la excepción contemplada en el artículo 27º de la Ley 20.247, referida al uso o venta como materia prima o alimento del producto obtenido del cultivo utilizando una variedad protegida. La venta de tal materia prima o alimento nunca requiere autorización, lo que requiere autorización es la semilla de la variedad protegida utilizada para tales fines.

El autor fue presidente del Instituto Nacional de Semillas (Inase) desde el 2006 hasta fines del 2013.

Clarín