Lunes, 26 Octubre 2020 02:28

Trigo y soja HB4 en el nuevo paradigma de la producción de alimentos

Por Claudio Dunan.

El crecimiento poblacional, el cambio climático y el impacto humano sobre el medio ambiente representan importantes desafíos para los sistemas alimentarios actuales. Para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en 2030, los sistemas alimentarios deberán implementar tecnologías de producción que incrementen rendimientos, generen cultivos resilientes a la volatilidad climática, reduzcan el impacto ambiental, y sean seguras para el consumo. Ejemplos de estas tecnologías son: mejoramiento genético, biotecnología, nutrición y protección biológica, y agricultura de precisión, entre otras. La integración continua de estas tecnologías con procesos agroecológicos permitirá desarrollar una agricultura de liderazgo global.

La producción agrícola argentina ya es exitosa en esta área. Somos el segundo país en producción de orgánicos. Somos líderes en el uso de siembra directa, cultivos de servicio, y bio nutrición. Y su impacto ya ha sido medido. Por ejemplo, en un estudio de FAO de 2015, el costo ambiental de la soja argentina resultó un tercio del costo ambiental de la producida en Brasil y 50% menor de la producida en USA.

La oportunidad es aún más grande porque ya no alcanzará con parecer, habrá que demostrar, es decir habrá que cuantificar y certificar el impacto de los sistemas de producción en los ejes ambiente y salud. Esta información representa un valor agregado adicional para el consumidor para tomar decisiones más basadas en ciencia y menos en percepciones y opiniones.

Las etiquetas de la mayoría de los alimentos proveen información nutricional. Menos común es la información ambiental. Pero la necesidad crece. Por ejemplo, la deforestación es una de las prácticas que deben ser reducidas en forma urgente por su impacto negativo en los ciclos de agua, conservación de suelos, y cambio climático. El consumidor lo está demandando y algunas empresas de la cadena alimenticia ya fijan límites a la compra de soja proveniente de tierras deforestadas

En el futuro, la producción de alimentos dependerá menos del incremento de la superficie agrícola y más del conocimiento aplicado.

El rol de Cultivos Genéticamente Modificados (CGM)

Los CGM tienen oposición en muchos sectores de la sociedad global. En muchos casos por razones morales y /o políticas. Sin embargo, estudios recientes conducidos en Reino Unido, Países Bajos y Estados Unidos, demostraron que la falta de información sobre las bases científicas de los CGM era la principal razón de la falta de aceptación y que informando y educando sobre la ciencia detrás de los CGM conducía a una visión positiva sobre los mismos.

La ciencia muestra que el consumo de CGM es tan seguro como el de cultivos convencionales. Los escasos estudios que indicaron un perjuicio para la salud humana finalmente se retractaron o aceptaron haber cometido errores en su ejecución. Por otra parte, desde su lanzamiento en 1996 se han sembrado más de 2.000 millones de hectáreas con CGM sin reportes de impacto negativo en la salud.

En el tema ambiental ha sido cuantificado que con CGM se ha reducido el consumo de insecticidas y herbicidas en su conjunto.

Los problemas ocasionados por sobre utilización de glifosato y la siembra excesiva de soja son consecuencia de no aplicarse prácticas de manejo integrado de malezas y de la falta de rotaciones adecuadas de cultivos. No de utilizar CGM.

Cuantificar, certificar e informar al consumidor sobre el impacto de nuestros sistemas productivos en los ejes ambiente y salud mejorarán la aceptación de CGM.

La tecnología HB4 y su impacto

La volatilidad de los factores climáticos (temperatura, precipitaciones y su interacción) explican un tercio de la volatilidad de los rendimientos a escala global. Estabilizar la producción frente a la creciente volatilidad climática es clave para la seguridad alimentaria del mundo.

Bioceres SA ha desarrollado la tecnología HB4 que confiere tolerancia al estrés hídrico a los cultivos. Fue descubierta en girasol por el grupo de la Dra. Raquel Chan del Conicet y UNL. HB4 permite tener cultivos más eficientes en el uso de agua, fijando más carbono, reduciendo las pérdidas ante eventos de déficit hídrico, y estabilizando rendimientos. Al reducir el riesgo a la baja creada por la volatilidad climática, permitirá a los productores invertir en más tecnología.

El beneficio no es sólo para los productores. Reducir riesgo ofrece a la Argentina la posibilidad de mantener sus exportaciones agropecuarias en contextos climáticos desfavorables y cada vez más recurrentes. Nada mal hoy cuando los dólares parecen faltar más que nunca.

El programa Generación HB4 en trigo y soja desarrollado por Bioceres permitirá producir cultivos más rentables para el productor, de mejor huella ambiental y seguros para su consumo. Se producirán en un sistema de identidad preservada que permitirá certificar el valor agregado del programa para el creciente segmento de la sociedad interesada en alimentos seguros y en la protección del medio ambiente.

El autor es Director de Estrategia de Bioceres

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