Lunes, 02 Noviembre 2020 02:27

El nivel de inversión tecnológica en la soja creció en la última campaña

En la campaña 2019/20, la inversión tecnológica aplicada en la soja aumentó, según un estudio de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. En los planteos de primera, el 37% de los productores apostaron a insumos de punta y a planteos generosos de nutrición y el 60% a esquemas de un nivel tecnológico medio. La característica de esta campaña es que se incrementó la cantidad de agricultores que invierten en un planteo tecnológico en medio, en comparación con el ciclo pasado (había sido el 58%).

El nivel alto disminuyó un punto en relación a la campaña anterior (37% contra 38% en 2018/19), pero lo interesante es que solamente un 4% de los productores utilizó un nivel tecnológico que se considera bajo (en la campaña 2014/14, ese porcentaje era del 17%).

“La soja de segunda presentó una distribución similar, con un mayor porcentaje de nivel medio y un menor porcentaje de alto”, destacan los técnicos de la Bolsa porteña en el Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (Retaa).

El relevamiento también analiza el porcentaje de adopción de siembra directa de los principales cultivos de grano. En la campaña 2019/20 su adopción fue del 93%, 1 punto porcentual menos que la campaña 2018/19.

“Uno de los principales motivos de dicha disminución se debe a la utilización de labranza convencional para el manejo de malezas resistentes (por ejemplo: nabo y rama negra)”, explicaron desde la Bolsa porteña.

El promedio nacional de fertilización fosfatada en soja fue de 11 kilos por hectárea en la campaña 2019/20 y se observó un incremento de 2 kilos por hectárea con respecto a la campaña anterior. Esto se explica principalmente por el aumento en las dosis aplicadas en la mayoría de las regiones.

La fertilización azufrada en soja, proveniente de fuentes azufradas más fosfatadas, presentó un promedio nacional de 5 kilos por hectárea, similar a la campaña pasada. Los valores mas bajos se ubicaron en el NEA este, Cuenca del Salado y en el sur de la provincia de Buenos Aires. En el NOA, la zona núcleo y el norte de Córdoba las dosis fueron más altas y llegaron a los 6 kilos por hectárea.

Estos elementos son importantes debido a que en condiciones de estrés le brindan al cultivo un carácter protector. Una deficiencia de estos puede afectar la formación del área foliar y, por lo tanto, disminuir la cantidad de radiación acumulada, su crecimiento y la producción de fotoasimilados; repercutiendo negativamente en el estado general del cultivo.

El estudio también precisa cuáles son los grupos de madurez en las semillas que se utilizan según las distintas regiones productivas.

La elección del genotipo a utilizar en relación al grupo de madurez suele ser la primera decisión por parte del productor al planificar el cultivo. El avance de las etapas fenológicas de un grupo de madurez depende de la temperatura (T°) y del fotoperíodo (FP).

Los materiales largos son más sensibles al FP por lo tanto se utilizan a medida que disminuye la latitud y aumenta la estación libre de heladas. Por el contrario, los materiales cortos son menos sensibles al FP y dependen más de la T°.

La densidad óptima de un cultivo se define como el número mínimo de plantas que permite alcanzar los máximos rendimientos. Para las diferentes zonas del país la densidad de plantas en soja varía según ambiente y fecha de siembra.

La densidad promedio nacional de soja fue 67 kilos de semilla por hectárea en la campaña 2019/20. De manera desagregada, la densidad en soja de primera fue de 66 kg semilla/ha, y de 69 kg semilla/ha en la de segunda.

Al atrasar la fecha de siembra, la soja de segunda presenta menor crecimiento vegetativo, por lo tanto se tiende a utilizar mayores densidades para compensar el menor tamaño de plantas.

Clarín