Lunes, 16 Noviembre 2020 02:27

Desarrollo territorial. El caso Las Lajitas en Salta: una región que se transformó con el campo

A 1.500 kilómetros de Buenos Aires y 1.200 de los puertos de Rosario, al igual que otras regiones que han prosperado en lo productivo, Las Lajitas, localidad emblemática del Departamento de Anta en el oeste salteño, ha crecido traccionada por el campo, pero aún lidia con problemas de distinta índole. La ciudad se fundó en 1940 y está a 230 kilómetros de la capital provincial o 300 de San Miguel de Tucumán. En 1995 registraba apenas 3.500 habitantes. El último dato arrojó alrededor de 10.000.

Primero fue la explosión agrícola en los años 90, de la mano de la siembra directa (que les permitió conservar mejor el agua y mejorar la calidad de los suelos), y los transgénicos que fueron el escudo para defenderse de las amenazas (sean plagas, enfermedades o malezas). La última década, especialmente el último lustro, todos los cañones apuestan a una integración con la ganadería. El objetivo supremo es agregar valor en origen.

La semana pasada, en esta serie de notas sobre “desarrollo territorial”, contamos el caso de Charata, en la provincia de Chaco. El objetivo es conocer las implicancias del crecimiento agropecuario en la evolución de pueblos y ciudades.

En la zona, se concentra el 65% de la producción de soja de la provincia de Salta. Sin embargo, con el correr de los años se dieron cuenta que sin maíz no se puede. Actualmente tienen una relación casi 1 a 1 entre la superficie de la oleaginosa y el cereal.

Según datos de Prograno, la superficie con soja, maíz y poroto pasó de 89.500 hectáreas en la campaña 1990/91 a 425.100 hectáreas en 2019/20 (casi se cuadruplicó). En el desglose, la soja subió de 65.000 a 220.000 (238%), la de maíz (este dato es muy interesante) trepó de 23.000 hectáreas a 154.000 (568%), mientras que la de poroto pasó de 1.500 hectáreas a 50.000 (3.200%).

“Lo primero que sucedió hace 30 años fue un desarrollo agrícola partiendo de algo de poco valor, que eran los montes sin capacidad productiva porque las maderas ya se las habían llevado”, contó a Clarín Rural Matías Michel Torino, encargado de una importante estancia a 30 kilómetros de Las Lajitas y referente del Grupo CREA Anta. Quien agregó: “Primero fue la producción de poroto en los años 80, en los 90 entró mucha soja, luego se incorporó el maíz y ahora tenemos una buena variedad de especialidades con maíces colorados, chía, sésamo y toda clase de porotos”.

Michel Torino mencionó tres cambios importantes: “La siembra directa, que tuvo una adopción veloz, los transgénicos que nos permitieron solucionar problemas de malezas, y los últimos años la creación de sistemas diversificados de producción junto con la agricultura de precisión que pinta para revolucionar dentro de unos años”. Para Michel Torino, el tercer cambio, contempla que la ganadería vuelva a los mejores lotes, a zonas que hoy son agrícolas por su aptitud productiva. Esto mismo está sucediendo en otras regiones del país. Primero se sacó a los animales para hacer agricultura y hoy se busca amalgamar la carne con los granos y las pasturas en zonas de mayor potencial para producir forrajes.

Ingeniero agrónomo, porteño, pero ya con más de 20 años trabajando en el norte, presidente de Prograno, Lucas Norris, coincidió en la importancia del desembarco de la siembra directa y un paquete tecnológico con nuevos híbridos y variedades adaptadas.

El régimen de lluvia de Las Lajitas es de 900 a 1.200 milímetros, pero hacia el este o el sur es de 600 mm. Los campos de mayor potencial, por relieve y precipitaciones, son los que están ubicados 20 kilómetros a un lado y otro de la ruta 5 que corre de norte a sur, desde Pichanal, a 170 kilómetros de Las Lajitas. Hacia el oeste, donde se encuentra la capital de la provincia, mejora el régimen de lluvias, pero al este todo se hace más seco y, por ende, la agricultura más peligrosa.

Crecimiento ganadero

“La ganadería creció mucho, desde 2000 a 2010 hubo un boom de desarrollo porque el negocio agrícola daba y cuando hay excedentes el productor no se guarda la plata, sino que reinvierte, y reinvirtió en ganadería, esto permitió que hoy haya un equilibrio entre el crecimiento ganadero y el agrícola”, relató Norris.

Vale recordar que el Departamento de Anta fue históricamente de una ganadería extensiva (en los que se juntaba al ganado una o dos veces por año), que generó problemas de sobrepastoreo y deterioros ambientales. “Ese modelo murió hace 50 años, hoy son, mayormente, planteos ganaderos que vienen de la mano de empresas que ya tenían agricultura en la zona”, apuntó Michel Torino.

Coincide en el desarrollo ganadero Exequiel Briones, que estuvo dos años trabajando en Las Lajitas (ahora está en Embarcación). “Varias empresas empezaron a apostar fuerte al ciclo completo con cría, recría y engorde, donde la principal dificultad son las lluvias que van de octubre a marco y se cortan en otoño-invierno”, dijo Briones. Y agregó: “El potencial de la zona es muy grande, aunque todavía muchos productores la hacen a la antigua, para mí la clave es usar las innovaciones en tecnologías de insumos y de procesos, así como hacer hincapié en el capital humano que es cada vez más determinante en nuestra actividad”.

Oferta de trabajo

Consultado sobre la oferta de trabajo y sobre qué posibilidades tienen los jóvenes cuando terminan el secundario, Norris comentó que “la mayoría de los jóvenes que quieren hacer algo de campo se quedan en Las Lajitas, hay un terciario en el que pueden seguir estudiando”. Pero los que se van, algunos a Salta, otros a Tucumán o a Córdoba, es difícil que vuelvan. Elijen otros destinos.

“Las empresas vinculadas al sector agropecuario están siempre buscando gente de la ciudad, hay movimiento”, apuntó Norris. Relación campo-ciudad

Norris destacó el crecimiento demográfico que tuvo Las Lajitas: “La plaza de tierra se convirtió en asfalto, llegaron las cloacas, se instalaron concesionarias y una variedad de servicios agrícolas que, en muchos casos, te ahorran el viaje a Salta capital o a Tucumán, para buscar insumos o repuestos”.

Actualmente hay jugadores importantes como Cargill, Bunge, Cofco, Molinos Río de la Plata, y entre las empresas de producción, destacan Cresud, AdecoAgro y Liag, entre otras nacionales. Más otras como Anta del Dorado o Las Lajitas S.A., bien de la zona.

De su experiencia, Briones se llevó buenas y malas: “Las Lajitas es un pueblo bastante precario en muchos sentidos, pero de los lugares en los que estuve es el que mejor recuerdo tengo, y volvería por la calidez de la gente y un lindo ambiente social”.

“Uno de los principales desafíos para nuestro sector, hoy, es Incorporar a la gente, pero no sólo con trabajo, sino también contarles mejor cómo producimos, porque hoy hacemos muchas cosas bien, pero la gente del pueblo no lo sabe, y por eso nos critica muchas veces”, dijo Norris.

“El sector agropecuario ha crecido, pero la ciudad no se ha desarrollado al mismo ritmo, algo falló”, expuso Michel Torino. Y agregó: “En comunidades chicas nos conocemos todos, pero no sé si Las Lajitas considera que lo que tiene, sea poco o mucho, se lo debe al campo, particularmente creo que no, más bien nos ven como actores que están del otro lado del río, que vivimos bien y tenemos plata y del otro lado el pueblo que la pasa mal”.

Esta sensación quedó expuesta con un estudio realizado por la consultora Giacobbe & Asociados en octubre sobre la percepción que tienen las personas sobre el sector agropecuario argentino: el 57,2% de los 2.500 encuestados tiene una imagen regular o mala del productor; el número sube a 60% si se analiza sólo las respuestas de los jóvenes. Se los asocia con la especulación, con que son explotadores y “oligarcas”, aunque se reconoce el trabajo.

“Cuando pensamos el futuro el tema es ver si los desafíos pasan por la producción, por lo que hagamos tranqueras adentro, o por afuera, lo lógico es que sea por ambos, pero hoy, cada vez tiene más peso la política, lo que pasa tranqueras afuera”, opinó Michel Torino, quien reconoció que este año, los “salvó el milagro de la suba de precios los últimos tres meses” porque tenían rindes de indiferencia de 6.000 kg/ha en maíz cuando los rindes promedio en la zona apenas llegan a los 7.000 kg/ha; y 2.500 kg/ha cuando la media es de 3.000. “Estábamos complicados, con el agua en las narices, ahora estamos con el agua al cuello”, reconoció. Claro, también hay que recordar que los costos han subido, para producir más hay que invertir más.

“Es una visión pesimista, pero con el optimismo de que se puede cambiar con políticas y la participación de todos”, reconoció Michel Torino.

En 2019 la intendencia tuvo un vuelco importante. Después de 24 años (1995-2019) dejó el cargo tras perder las elecciones Alberto Fermani, que, según Norris, “le faltó acercamiento al sector agropecuario” y asumió Fernando “Pini” Alabi, que “que en pocos meses demostró estar ávido por encontrar los caminos en conjunto y que mejore la ciudad, porque hay muchos recursos que vienen del campo”. En este sentido, Norris contó que están trabajando para determinar las distancias en las que se pueden hacer aplicaciones, un tema sensible con la sociedad.

La reactivación del ferrocarril Belgrano Cargas generó una ilusión. Poder abaratar los fletes al puerto siempre son una buena noticia para lugares tan distantes como Las Lajitas. Se hizo bastante. Pero falta. Lo mismo que sienten los lajiteños del trabajo realizado. Se trabajó mucho tranqueras adentro. Habrá que trabajar mucho tranqueras afuera para lograr un “plato” mejor amalgamado.

Clarín – Juan I. Martínez Dodda