Lunes, 16 Noviembre 2020 02:28

Calidad de la soja: nuevas preguntas para el futuro de la cadena

¿Se puede producir soja con más aceite y más proteína? ¿Qué rol cumple en esa búsqueda la selección genética? ¿Qué rol ocupa el ambiente? ¿Cómo se estima el valor de la soja? Son preguntas vitales para el futuro del complejo sojero y fueron los ejes que estructuraron la presentación del especialista en mejoramiento genético de la soja Rodolfo Rossi, esta semana durante el Coloquio Todo Soja 2020.

“Los países están tratando de entrar más en el tema de la calidad, más allá del contenido de proteína. Desde el punto de vista de la calidad el fuerte de nuestro país es que es un producto uniforme, inocuo, con alto con bajo contenido de fibra y alta solubilidad”, remarcó Rossi de entrada, y explicó que la variación de los tenores de aceite y proteína se determinan por factores fundamentalmente genéticos, pero con fuerte influencia del ambiente (estrés hídrico, temperatura, disponibilidad de nutrientes, fecha de siembra) especialmente en el período de llenado de granos.

Históricamente, según explicó Rossi, se lograron variedades con buena capacidad para la expresión de ambos caracteres, pero no tuvieron mucho éxito comercial porque el foco siempre estuvo puesto en el rendimiento, que se correlaciona negativamente con el contenido de proteína del grano.

En la Argentina, entre 1997 y 2017 el contenido de proteína de la soja cayó de 39,3 por ciento a 36,5 por ciento, mientras que el contenido de aceite en el mismo periodo aumentó del 22,8 por ciento al 23,3. “La tendencia de disminución proteica de la soja impacta económicamente en la calidad de la harina y las industrias”, remarcó el especialista, y mencionó entre los riesgos que esto genera los descuentos en el precio, el rechazo de mercadería y las pérdidas de rendimiento industrial.

Luego explicó que la problemática no afecta solamente a la Argentina, sino que también preocupa a los productores estadounidenses. Por eso, en Estados Unidos se realizan estudios que hilan más fino y buscan la correlación entre el contenido proteico y la cantidad de aminoácidos, también vitales en la dieta de los animales y por lo tanto en la industria. “La soja y las harinas han sido valoradas primeramente sobre una medida indirecta de la proteína cruda, pero esa probablemente no es la mejor manera porque sobreestima el total de aminoácidos (la verdadera proteína) y no aporta información sobre la calidad de esa proteína. Existe una relación inversa entre proteína cruda y el contenido de los cinco aminoácidos esenciales”, remarcó.

Luego realizó una comparación entre la soja y las harinas brasileras, estadounidenses y argentinas. Mientras que la soja brasilera tiene mayor contenido de proteína cruda, en fibra cruda y fibra detergente Argentina y Estados Unidos se posicionan mejor que Brasil e India. Argentina y Estados Unidos también se posicionan mejor en el contenido de azúcares y en la cantidad de lisina, azufre y treonina (aminoácidos) por cantidad de proteína que los países más cercanos al ecuador. “Dependiendo del origen, los nutricionistas deben utilizar diferentes matrices para la harina de soja”, explicó Rossi, y dejó una serie de preguntas para el debate al interior de la cadena: “¿Necesitamos investigar más? ¿Podremos crear las bases para segregar regiones? ¿Debemos modificar el estándar comercial de la soja? ¿Conocemos la calidad intrínseca de nuestras harinas? ¿Cómo podemos aumentar nuestro valor agregado interno?”

Clarín – Lucas Villamil