Viernes, 26 Febrero 2021 02:27

Un ingeniero agrónomo cordobés se fue a Europa a estudiar cómo lograr una agricultura más sustentable en el mundo

“Siendo estudiante de agronomía me interesé en los temas de agricultura de precisión y en el uso de la tecnología aplicada a la agricultura, y entonces decidí enfocarme a fondo toda mi carrera". Quien habla es el Ing. Agr. Juan Manuel López Correa, de 29 años, quien se encuentra en pleno desarrollo de su tesis doctoral en el Centro de Automática y Robótica, del Consejo de investigaciones Científicas de España (CSIC), en Madrid. "Fue en ese tiempo cuando mi profesor de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), Américo Degioanni, alentó mis deseos, ya que ambos pensamos que en la agronomía estaría fuertemente involucrada la tecnología. Con él buscamos donde podía estar mi tesis doctoral y comenzamos a ver los problemas que había en la agricultura en la Argentina, y se nos presentó que uno de esos graves problemas era el control de malezas”, agregó.

¿Cómo llegó a estudiar en el Centro de Automática y Robótica de España (CAR)?

Ello involucró mucho esfuerzo en preparación académica y laboral y significó un cambio grande en mi vida el hecho de saltar de la agronomía clásica a la agronomía que se esta desarrollando en el mundo en combinación con la tecnología.

Antes de llegar a España, estuve en Francia con el apoyo de una beca para hacer un intercambio la especialización en Sistemas de Información Geográficos y Agricultura de Precisión en la École Nationale Supérieure Agronomique de Toulouse. Esto fue durante 8 meses. luego realicé una estancia de investigación en un Laboratorio de Visión Artificial en el sur de París donde trabajábamos en detección de Mildiu en Vid (enfermedad muy importante en viñedos) a través de técnicas de Inteligencia Artificial.

Luego, buscando nuevas oportunidades para crecer y con el apoyo de CONICET para hacer pasantías en el exterior, conocí en un congreso a Dionisio Andujar, investigador titular del Centro de Automática y Robótica quien me propuso trabajar con él. Y ello me permitió participar en un equipo interdisciplinario muy bueno, avanzando mucho con la publicación de muchos trabajos. Es una gran experiencia tanto trabajar en España como con el equipo de Argentina.

Es así como me involucré en mi propio proyecto "Reconocimiento de Malezas por Visión Computacional y Modelado 3D en el Cultivo de Soja: Una aproximación a la reducción del uso de herbicidas". El mismo es una tarea donde se combinan mi beca de CONICET en la cual mi director es Facundo Bromberg, quien es el director del Laboratorio de Inteligencia Artificial Dharma de la Universidad Tecnológica de Mendoza y el trabajo en este momento desde Centro de Automática y Robótica con la dirección de Dioniso Andujar.

¿En qué consiste su trabajo?

Mi proyecto tiene inserción en un tema muy amplio en el que trabaja un buen número de investigadores desde hace años, y que ya se encuentra en una etapa de desarrollo de aplicaciones en el campo de la maquinaria.

Hace unos años se trataba de ver resultados científicos publicados por investigadores, y con el tiempo se ha logrado distinguir malezas latifoliadas de gramíneas y de ciperáceas, además de diferenciar cultivos de malezas. Y en la actualidad, hay muchos trabajos con resultados a campo con variaciones de iluminación, diferentes tipos de suelos. Pensemos que la entrada de datos en estos sistemas de trabajo son cámaras RGB, (red, green blue), las que se encuentran en un teléfono celular y que son de menor costo que otro tipo de sensores activos.

En nuestro desarrollo las cámaras se ubican delante del tractor debido a que trabajamos con las llamadas redes neuronales de aprendizaje profundo, que tienen un tiempo de procesamiento. El equipo responde al protocolo de conexión ISOBUS, por ello puede trabajar con todo tractor provisto de ese protocolo.

Para tomar la decisión de aplicar el herbicida, definir el producto y la dosis, para lo cual “demora” unos segundos. Son tiempos necesarios en robótica para captar los datos, decidir en base a ellos y luego aplicar.

¿Cuáles son los objetivos del trabajo?

Tenemos como objetivo principal el uso eficiente de los herbicidas en la agricultura, ya que el mercado lo exige. Luego tenemos objetivos técnicos orientados a reconocer las especies de malezas en el campo, a través de cámaras, para realizar aplicaciones selectivas solamente donde haya malezas y según la especie que se trate. Además, también hemos logrado poder clasificarlas según el estado de desarrollo que se encuentren, esto nos permite realizar controles tempranos en su ciclo de crecimiento por lo tanto la dosis requerida es mucho menor.

Por ende, trabajamos en el reconocimiento de las especies de malezas que se presentan en tiempo real, a fin de que el sistema seleccione el herbicida y la dosis a aplicar según la especie que tenemos abajo del aspersor.

Entonces, el proyecto incluye temas agronómicos, aspectos de robótica, de visión artificial y por su puesto de la Inteligencia Artificial. En el futuro el productor tendrá un tractor con un equipo con cámaras que distinguen especies de malezas para dosificar en forma precisa en tiempo real el producto necesario para esa maleza, y ello no esta muy lejos de estar en el mercado.

El proyecto que se llama DACWEEED, se encuentra financiado por la Unión Europea. En ello, se demanda un gran equipo de respaldo, integrado por los llamados partners o integrantes del proyecto, y con los que se cubren todos los ángulos necesarios para desarrollar en el proyecto. Asi es que se trata de combinar de varias disciplinas interactuantes, y ello trae aparejado la participación de distintas fuentes tales como, la Universidad de Hohenheim (Alemania), el Centro de Automática y Robótica (CAR) donde estoy desarrollando mis tareas, y John Deere que también integra el equipo. Además, en el Laborario DHARMa también tenemos financiamiento por de la Universidad Tecnológica Nacional para el desarrollo de toda esta linea de investigación”.

¿Qué diferencias se notan entre el estudio en Argentina y en Europa?

Debo señalar que me ha resultado muy difícil en el plano económico llevar adelante la experiencia con una beca en pesos debido al cambio desfavorable. Por otro lado, en Europa por lo general las carreras son un poco más cortas. Por ejemplo, la ingeniería agronómica son 4 años, en cambio a nosotros se nos van en la práctica unos 6 años, si bien la carrera curricular esta planeada en 5.

Asimismo, acá son más específicos en el sentido que a la carrera muy básica de esos 4 años, luego le siguen 2 de máster especializándose en lo que cada quien desea trabajar. Por ello un ingeniero agrónomo termina siendo muy específico en su temática. Y ello es lo que requiere cada mercado laboral, que en Argentina demanda profesionales para la producción animal o bien agricultura. Pero en Europa, si bien existen campos de empresas familiares como en nuestro país, es frecuente que los establecimientos se manejen por empresas que piden profesionales más especializados en su preparación.

Y en lo que hace a la producción agropecuaria ¿qué diferencias se perciben?

En Europa existe una orientación bastante fuerte a los alimentos y bienes de químicos y creo que se debe a que el mercado lo busca y lo paga, si bien son más caros, la demanda es fuerte. En los supermercados de Francia, la mitad o más de las góndolas se dedican a los productos que llaman “BIO” y la otra mitad son productos de producción convencional. En España, pude ver la misma tendencia, aunque tal vez con menor intensidad.

Nosotros como agrónomos, conocemos más a fondo donde están los verdaderos perjuicios del mal uso de los agroquímicos, pero el público lo percibe bastante peor y esa es la demanda que precisamos satisfacer. La diferencia de ingresos entre los de un europeo y los nuestros es clara y pesa a la hora de elegir.

Clarín – Juan B. Raggio