Viernes, 19 Marzo 2021 02:26

Damián Alcoba, del INTA, relató el proceso para lograr la primera variedad de quinoa registrada de la Argentina

Entre 2005 y 2006 el INTA de la región NOA inició los estudios sobre cultivos andinos y observó que la quínoa, un cultivo milenario, tenía una demanda sostenida y precios importantes en el mercado, a pesar de ser muy marginal como actividad económica. Esta situación llevó a los técnicos a involucrarse en su forma de producción, a tal punto que en 2019 lograron registrar la primera variedad de ese cultivo milenario ante el Instituto Nacional de Semillas (INASE). El camino hacia ese feliz final comenzó cuando el equipo del Instituto para la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF) del INTA para la región NOA, a cargo de Damián Alcoba, identificó dos cuellos de botella importantes: en primer lugar no había tecnología adecuada para realizar este tipo de cultivo y en segundo lugar la disponibilidad de semillas era muy escasa.

En este punto podemos decir que la quínoa se trata de un grano andino sin gluten y con un alto contenido en proteínas, calcio, fósforo, hierro y magnesio. Tiene gran adaptabilidad al medio, tolerancia a la escasez de agua y resistencia a distintas plagas. Se puede consumir en forma similar al arroz o molido en harinas. Por eso es considerado un super alimento que debería tener un futuro de expansión.

Respecto al primer obstáculo –la falta de equipamiento adecuado- el IPAF puso en marcha el desarrollo de una línea tecnológica que reemplazara el trabajo manual y todo el esfuerzo puesto para realizar la trilla, limpieza, clasificación y escarificado de las semillas.

“Llegamos a contar con todo un tren de post cosecha, una trilladora, una limpiadora y clasificadora y ahora una desaponificadora en seco (la encargada de quitarle el amargor a la quínoa). Esos equipos están patentados en una empresa pyme en la ciudad de Palpalá, provincia de Jujuy”, señaló Alcoba a Bichos de Campo. Esta provisión de equipamiento ya alcanzó a comunidades de Salta y Catamarca.

En Argentina la producción de quinua se concentra en el noroeste, sobre todo en Catamarca, Jujuy y Salta. De acuerdo a los datos oficiales del Ministerio de Agricultura que no han sido actualizados, en 2015 la producción local era de menos de 1.000 toneladas en manos de unos 200 productores que implantaban unas 1300 hectáreas. Bolivia y Perú, los dos grandes productores mundiales, producen 200 veces más.

Una de las limitantes para el crecimiento aquí era la disponibilidad de la semilla. Los técnicos observaron que solo se conseguía con productores que ya la tuvieran, entre los que circulaban distintas variedades. Comenzaron entonces a hacerse evaluaciones de rendimiento y adaptabilidad.

Con los años los investigadores obtuvieron una variedad con las condiciones para ser registrada, con altos niveles de rendimiento y resistencia a distintas enfermedades presentes en la región. Por cuestiones legales, la misma aún no es de acceso público ya que el INTA debe mantener su pureza varietal por un mínimo de diez años.

Los ensayos comenzaron en el año 2005 y en el período 2011-2012 se realizó su descripción morfológica y se detallaron las cualidades del cultivar. Finalmente, y en un esfuerzo conjunto con Coordinación Nacional de Vinculación Tecnológica del INTA, el material fue inscripto en el Instituto Nacional de Semillas. Ahora se está multiplicando.

“En el camino encontramos que el pequeño productor de la zona andina es el que gestiona sus propios recursos genéticos. Ancestralmente ellos han manejado, seleccionado y conservado el mejor banco, la mejor reserva. La agricultura familiar es un gran reservorio de conocimiento, de recursos genéticos y de prácticas culturales que cada vez más están puestas en valor”, indicó Alcoba.

Hoy desde el IPAF se acompaña a los pequeños productores en procesos de selección participativa para darle un valor agregado a esas semillas, que han logrado condiciones de adaptación particulares.

“El laburo de la IPAF excede los términos agronómicos y tiene que ver con fortalecer un sector que representa más del 80% de las explotaciones agropecuarias de Jujuy.  Además de producir alimentos es un sector que tiene la capacidad de producir el arraigo rural y conservar una práctica muy valorizada por todos los servicios ecosistémicos”,  aseguró el director.

Bichos de Campo – Sofia Selasco