Lunes, 22 Marzo 2021 02:25

Desarrollo territorial. Sarmiento, el departamento de San Juan que se revolucionó con tecnologías olivícolas

Como ese niño que da vueltas en la cuna para un lado y para otro hasta que encuentra su posición confortable para dormir, así parece haber encontrado la producción de aceitunas su lugar el Departamento de Sarmiento, en el sureste de la provincia de San Juan. Un dato: Allí se instaló un polo de industrias de las más tecnificadas del país, donde se procesa el 50% de las aceitunas sanjuaninas. Es cierto, como casi todas las provincias de la región “norcordillerana” (Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza), el trabajo de la vid pica en punta y el cultivo de la tierra, con una diversidad de producciones regionales, ofrece oportunidades echando luz sobre ciudades y mini-regiones recónditas. En este combo, la olivicultura ha pasado por distintas épocas y altibajos, pero en el jaleo, el Departamento de Sarmiento ha salido “bien pisado” de la curva (como se dice en automovilismo).

Hace un mes, se está cosechando aceituna conserva (es de febrero hasta mediados de abril) y por estos días arranca la que va para industria y la producción de aceite de oliva (de fines de marzo a julio).

“La olivicultura en la zona tuvo una transformación importante, un traslado si se quiere, porque en el Departamento de 25 de Mayo, llegamos a tener 1000 hectáreas y hoy hay creo apenas 200 implantadas, mucho de eso se trasladó al departamento de Sarmiento”, contó a Clarín Rural Alberto Aguilera, del CREA Olivícola San Juan.

Ambas localidades están separadas por unos 50km por ruta, pero en línea recta son apenas 16 km, aunque mientras que en una hay 550 metros sobre el nivel del mar, en la otra, Sarmiento, hay más de 600 msnm. “Eso impacta mucho en este cultivo, en muchos casos es la diferencia entre poder producir o no, y gran parte de esa zona marginal que era para la olivicultura, termina siendo la zona núcleo para el cultivo de pistacho”, contó Aguilera.

“De la Ruta 40 al oeste, para el lado de la montaña, están las plantaciones más grandes”, contó Gonzalo Lenzano, presidente de la Cámara Olivícola de San Juan y gerente de una empresa olivícola, Isola Asti, con base en Guanacache (o Huanacache), otra de las localidades del Departamento de Sarmiento.

“Hasta hace unos años la olivicultura no estaba situada en esta zona pero hoy tiene más hectáreas implantadas y mayor cantidad de fábricas, es el centro olivícola de San Juan, de hecho Sarmiento debe tener más de la mitad de la superficie de olivos de la provincia”, apuntó Lenzano, quien apuntó que, si bien es verdad que la actividad recibió un gran influjo con los diferimientos impositivos en los 90, muchas empresas y productores han tenido crecimiento genuino (sin diferimientos) en años posteriores.

Coincide con ese cambio Pablo Monetta, investigador del INTA San Juan: “Hasta hace unos años Sarmiento era un departamento poco significativo en olivicultura y hoy casi el 50% de la aceituna que se genera se muele en Sarmiento, tiene las industrias más tecnificadas de la provincia y es el polo de desarrollo olivícola por excelencia”, resumió. Y cuantificó: “Once de las 37-40 industrias olivícolas que hay en toda la provincia de San Juan están en Sarmiento, pero esas once, muelen la mitad de la aceituna que se produce en la provincia”.

“Lo que tiene Sarmiento, cuya localidad cabecera de Departamento es Media Agua, es, justamente, acceso al agua subterránea, un insumo fundamental en una zona desértica como la nuestra, pero además, se encontró un microclima ideal para el olivo, con sectores de una pendiente relativa, pegados al pedemonte, en donde el frío no se asienta, a lo que hay que agregar que tiene suelos francos, que permiten el drenaje, porque los suelos pesados favorecen las enfermedades fúngicas y problemas de raíces”, contó Aguilera, para quien, si bien es cierto que “hubo un auge de la olivicultura en los años 90, hubo una nueva ola a partir de 2000-2005 con valor del aceite alto que permitió que inversores se fijen en esta zona”.

“En Sarmiento hay dos pilares económicos muy marcados: la agricultura, que ofrece el 70-80% de los puestos de trabajo, y la minería, que tiene un 20-30% pero que ofrece más dinero”, contó a Clarín Rural Jonathan Pérez, director de Producción de la Municipalidad de Sarmiento, en la gestión que desde 2016 lleva adelante Mario Gustavo Martín (del Frente para la Victoria).

El sector minero-calero (extracción de cal) viene bastante castigado los últimos años y no hay reactivación por el momento. “Dentro del sector agrícola, el vitícola y el olivícola disputan el primer puesto en superficie cultivada en todo el departamento, el viñatero con 7800 hectáreas bajo riego, sin contar el valle del pedernal, que cuenta con empresas importantes que deben tener otras 700 a 800 hectáreas cultivadas”, contó Pérez. Y agregó: “El sector olivícola, por otro lado, es el que más ha avanzado en nuestro departamento en número de hectáreas convirtiéndose en el polo olivícola de la provincia”.

“El tema del olivo es una historia que siempre fue relevante en la provincia junto con la vid, pero mientras que vid mantuvo su estructura productiva, el olivo ha sufrido varias crisis que hicieron cambiar la forma de producir y la superficie cultivada”, apuntó Alejandro Oviedo, director de la AER Media Agua del INTA.

A mediados de los años 70 y 80 hubo la mayor erradicación o tala de los olivares en la zona. “Después de ese ciclo negativo comenzó una reactivación a mediados de los 90 con la política de diferimientos impositivos que se dio en estas provincias (N de la R: durante el gobierno de Carlos Menem, empezó en La Rioja y se extendió a otras provincias), algo que se dio de dos maneras, con inversiones de capitales nacionales y extranjeros que invirtieron en el cultivo y con productores que, contagiados por todo ese movimiento, retomaron la producción”, relató Oviedo.

El director del INTA Media Agua recordó que aquellas inversiones se dieron en gran parte en zonas que no eran óptimas para el olivo, sufrían el embate de las heladas y el suelo no acompañaba lo que hizo que no permitieron que la rentabilidad del cultivo aprovechara el máximo potencial. “Pero paralelamente se hicieron estudios para detectar nuevas zonas más adaptadas o propicias, ahí fue que se encontró en el Departamento de Sarmiento, una zona que es de la Ruta 40 al oeste, como Cañada Honda, Acequión o Guanacache, que tenían agua subterránea de calidad, donde la problemática de heladas no era acentuada y ahí se empezó a desarrollar una nueva olivicultura”, opinó Oviedo.

Entonces, para Oviedo, es cierto que en los 90 hubo un renacimiento de la olivicultura en la región, porque se pasó del cultivo tradicional, muy ligado a los inmigrantes españoles e italianos y se empezó a tecnificar, pero también ponderó que, a mediados de los 2000 es renovación que puso la lupa en la zona de Media Agua puede considerarse otro salto.

“Las inversiones ahora analizan unidades económicas mínimas rentables, antes eran explotaciones que como máximo tenían 50 hectáreas, y ahora, en Sarmiento, son más de tipo empresarial de 1000 a 1500, de escala con mayor tecnificación, un cambio en la distancia entre plantas y todo preparado para una cosecha mecanizada, además, claro, del riego por goteo y podas mecánicas”, contó Oviedo.

El director del INTA Media Agua ponderó también la integración que tienen estas empresas en escala. “No sólo producen olivo, sino que también instalan su fábrica de aceite, o entre dos o tres explotaciones se vinculan a una fábrica para industrializar”, contó. Y agregó: “Esto es por un tema de logística porque la zona productiva está a 100 kilómetros, por eso se han instalado fábricas dentro de las mismas fincas”.

Mundo aceituna

Dicen que el olivar es el cultivo frutal más cultivado del mundo. Para Argentina, es un cultivo importante, de hecho, es el principal productor de aceite de oliva de América y se destaca por su producción en contra estación con el hemisferio norte, donde están los referentes mundiales, entre los que se destaca España, que produce más de un tercio de la producción mundial. El área mundial se triplicó entre 1960 y 2004. De hecho, fueron los españoles los que trajeron la producción de oliva al continente.

La superficie mundial con aceitunas se estima en 11,4 millones de hectáreas. Argentina tiene alrededor de 90.000 hectáreas en producción. El 30% de las hectáreas implantadas se destinan a la producción de aceitunas de mesa, el 50% elaboración de aceite de oliva, y el 20% implantaciones de doble propósito.

“Argentina tiene la misma calidad que los principales jugadores del negocio mundial como son los del mediterráneo, Italia, España, Grecia”, apuntó Lenzano. Para poner en números, Argentina es el quinto productor mundial de aceituna conserva. Mientras que en aceite representa apenas el 1% de los 3 millones de toneladas que se producen en el mundo (alrededor de 30.000 toneladas) En 2017, Argentina llegó a posicionarse como el 7mo. productor mundial y 5to. exportador mundial de aceitunas de Mesa. Y el 10mo. productor y 6to. exportador de aceite de oliva.

San Juan y La Rioja, un solo corazón

Dentro de la geografía nacional, La Rioja ocupa el primer lugar en toneladas producidas de aceituna. Le siguen San Juan, Catamarca y Mendoza, entre otras. San Juan produce alrededor de un 20% del total país. “Entre Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza producen el 95% de la aceituna nacional”, explicó Monetta.

“San Juan está detrás de La Rioja, pero la ecuación está invertida entre lo que se produce en cada provincia: “La Rioja es el mayor productor de Argentina pero produce más conserva que aceite, en cambio, San Juan, produce mucho más variedades aceiteras que de conserva”, apuntó Lenzano.

En 2020, Argentina marcó récord histórico en exportación de aceite de oliva con un total de USD 147.429.755 (Valor FOB). En total fueron 69 empresas exportadoras que vendieron el aceite de oliva en 27 destinos. El 85% de las aceitunas se vende a Brasil, un 5% a Estados Unidos; luego, Chile, Uruguay y el resto de Sudamérica. En cuanto al aceite, el 30% se vende a Brasil, el 33% a Estados Unidos, y 25% a España (entre los tres suman casi 90% del total exportado en aceite).

En el país, el consumo estimado de aceituna de mesa es de 900 gramos por habitante por año, y de aceite de oliva es de 180 gramos.

Desembarco de la mecanización, ¿Y el empleo?

El tema de la cosecha mecanizada fue un quiebre. Hoy hay máquinas importadas y nacionales. Que cosechan “a caballo” de las plantaciones o sacudiendo la planta. Como sea, la mecanización ha sido un quiebre en cuanto al requerimiento de trabajadores y los tiempos de cosecha. Sin embargo, algunos de los interlocutores consultados por Clarín Rural apuntan a la falta de trabajadores como una de las amenazas para el futuro de la actividad.

“Hay 8000 hectáreas de uva versus 3500 con olivo, pero además, la uva todavía mantiene cierta forma de trabajo menos tecnificado y tanto podas como cosechas se hacen mayormente a mano, incluso el riego es por surco, gravitacional, con lo que se demandan regadores”, contó Oviedo. Y prosiguió: “En cambio, la tecnificación de los olivares, yo le llamo la pampeanización de cuyo, porque tienen una lógica de los cultivos en pampa húmeda, con la tercerización de las labores que no se pueden hacer a manos de contratistas que con 4-5 personas y una máquina hacen el trabajo de 40-50 cosecheros”.

El Departamento de Sarmiento, donde se estima que viven unas 23.000 personas, es muy rural. “Las empresas olivícolas siguen demandando empleados, aunque ya no tanto para cosecha, y sí mano de obra más calificada y permanente, contrario a la mano de obra de menor calificación y temporaria que requiere la cosecha”, contó Oviedo.

De hecho, las empresas han ido tomando alumnos de la escuela agrotécnica que está en Sarmiento, porque al estudiar allí ya tienen incorporado el conocimiento del manejo en viñedos, olivares y melón, que también mueve los hilos en la zona.

Desafíos y potencial

Para Lenzano, una de las amenazas en el futuro olivícola de la región es la escasez de trabajadores. “Son tres cosas: la escasez de agua, el costo de la energía para regar y la mano de obra, son tres cosas que nos están subiendo la ecuación de costos y achina los márgenes de ganancia, el panorama es complejo y estas cosas son una traba si queremos que la actividad se diga desarrollando”, advirtió Lenzano.

En cuanto al tema energético, Lenzano cree que tiene que profundizarse una transformación hacia energías renovables. “Acá la más favorable es la energía solar pero demanda mucha inversión y hoy no tenemos acceso a créditos blandos”, disparó el titular de la cámara olivícola sanjuanina. Y agregó: “Por la crisis hídrica, hay que apuntar a hacer lo más eficiente posible el uso del agua, con tecnología y con la mano de tenemos que tratar de hacer atractivo el sector”.

Oviedo, coincide que las limitantes pueden ser el agua y la energía. “Hasta hace cuatro años las tarifas eran accesibles, pero desde entonces se han encarecido por lo que muchos han ido volcándose a la energía fotovoltáica para la extracción y bombeo del agua, incluso algunos usan la energía de esos parques solares para industrializar”, contó Oviedo.

Para Oviedo hay otros dos desafíos. Uno productivo, que tiene que ver con la gestión del riego por goteo (lo mismo que Lenzano), que debe mantenerse en altos parámetros de eficiencia a partir de controles y revisiones, y otro comercial, agregar más valor. “Se vende mucho aceite a granel, quizás se podría obtener un plus si se fraccionara, pero eso ya depende de cada empresa”, dijo.

Según Pérez, lo que falta es “estabilidad económica, porque son cultivos que requieren 8-10 años para ponerse en producción y mientras tanto hay que invertir sin retorno, por eso, ha crecido, pero quizás no al ritmo que hubiera podido”. Sin embargo, el funcionario cuenta con que “Sarmiento tiene condiciones ideales para que se desarrolle la producción e industrialización y se sigan haciendo inversiones en la zona”.

Promedia una nueva campaña olivícola en San Juan. Carros, camiones, gente y máquinas van de un lado a otro en Sarmiento. En la aceituna de mesa, la perspectiva de precios, para 2021 era buena, aunque quizás se vea opacada por una cosecha no tan buena. En el aceite, a diferencia de 2019 y gran parte de 2020, que los precios se derrumbaron, a fines del año pasado empezó un repunte fuerte y esto aumenta las posibilidades de rentabilidad del negocio. Esperemos que así sea.

Clarín – Juan I. Martínez Dodda