Jueves, 25 Marzo 2021 02:26

Metalfor. Un nuevo hito en la rica historia de la innovación agrícola argentina

Anteayer en Marcos Juárez, provincia de Córdoba, se lanzó al mercado una nueva cosechadora de granos de Metalfor. El acontecimiento me disparó una serie de recuerdos y reflexiones. Cosechadora argentina, voy a evocarte. Quienes me conocen saben que no comulgo con el chauvinismo. Más bien, en esta plaza me tienen medio catalogado como un comunicador fuertemente influido por las tendencias tecnológicas que vienen del exterior. Estoy convencido de que no hay nada más “acelerador” (y sanador) que la libertad, que incluye la libertad comercial. Nuestra historia está llena de ejemplos. Y la cosecha mecánica es uno de los mejores.

La cosecha es una actividad de extraordinario relieve. Es en sí misma una celebración, casi un mito pagano en todas las civilizaciones. Desde la zafra a la vendimia, el momento mágico de la recolección de los frutos, la devolución de un culín de chicha para que la Pachamama nos devuelva más maíz en la próxima. Como los asturianos hacen cuando escancian la sidra, volcando el fondo del vaso al suelo.

En el caso de la Argentina, y en particular de esta Argentina atravesada por la crisis, hace falta más que nunca una celebración. Vamos a levantar una buena cosecha, a pesar de que el clima no acompañó del todo. Perdimos 4 millones de toneladas de trigo. Perdimos unas 5 de soja y otras tantas de maíz. En total, 15 millones, un 10% menos que el año pasado. Pero los precios internacionales subieron un 40% y entonces el resultado final es ampliamente favorable. Serán 30.000 millones de dólares. Es la razón por la que el dólar (en todas sus variantes y alquimias) se mantiene estable. Ni muñeca ni magia. Es la cosecha, estúpido. Es lo que hace que este país siga siendo viable, a pesar de nosotros.

Y a la cosecha la levantan 10.000 máquinas en manos de productores y en particular contratistas experimentados. Entre ellos, algunos que incluso certifican ISO 9000, como los hermanos Testa de Pergamino. O son docentes como Sergio Marinelli de Venado Tuerto. Organizaciones potentes, basadas en la experiencia de haber nacido entre los fierros. Son verdaderos testers de las últimas tecnologías que lanzan las compañías más avanzadas del mundo en la materia.

Bueno, Metalfor lanza una cosechadora nacional. Hace un año renacía Vassalli, como el Ave Fénix. Enfrente tienen a la competencia multinacional. No les resultará fácil, pero sienten que cuentan con pergaminos suficientes como para dar la batalla. Como decía Don Roque hace cuarenta años “nosotros sabemos levantar el trigo”.

Recordemos. Hace cien años don Domingo Rotania patentaba la primera cosechadora automotriz del mundo, nacida en Sunchales, provincia de Santa Fe. Este hecho fue reconocido por don Helmuth Claas (titular de la principal fábrica europea especializada en cosechadoras) hace unos quince años, cuando financió la reconstrucción de una corta y trilla que quedó como monumento en la entrada de Sunchales.

La Argentina inventó la plataforma de maíz para ser adaptada a las cosechadoras automotrices. Mainero, Giubergia, Allochis, Maizco, Gema, Franco, Vassalli, Magnano, Berini y tantos otros que bien recoge José María Barrale en su conmovedor libro “Reyes del Surco”. El maíz es el cultivo de mayor volumen a nivel mundial, y se recolecta con plataformas que básicamente son la evolución de lo que inventaron estos pioneros de las pampas. Que siguen innovando y liderando tendencias globales. Allochis, con sus cabezales de aluminio que adoptó la misma Claas para algunos mercados. O Mainero, con su creación más reciente, el MDD que es capaz de cosechar el maíz sin necesidad de respetar las hileras de siembra, ni en distancia ni en disposición. Exporta a Estados Unidos, donde se abre paso en el mítico “corn belt” (corn es maíz…).

Eso somos. La industria de maquinaria agrícola argentina no sólo produjo una ruptura paradigmática con la siembra directa, un esfuerzo conjunto entre productores y fierreros. También innovó en cosecha. Hubo más de veinte fábricas de cosechadoras, sin duda una hipertrofia en tiempos de proteccionismo exacerbado. El bandazo a una apertura sin anestesia dejó a la mayor parte en el camino. Pero no se perdió la especialidad. Tanto, que muchos contratistas argentinos son contratados por las compañías internacionales para que les testeen sus nuevos prototipos en Estados Unidos, Brasil y Argentina.

En mis muchos viajes a exposiciones, he vivido momentos alucinantes. Recuerdo una visita al Farm Progress Show, donde en el stand de una de las grandes un productor argentino le discutía al ingeniero de ventas. Este le hablaba de que la novedad de la cosechadora era el sistema de engrase centralizado, y el argentino le respondía que él ya lo tenía en su máquina. “Me lo va a decir a mí, que sé lo que era meterse entre las zarandas para encontrar el alemite”. Así son. Y esa es la base de nuestra competitividad. No es la flecha, es el indio.

Esta experiencia está adherida al ADN de nuestro “sistema chacra”. Hay una extraordinaria especialización, que vivimos año a año al jurar los premios a la innovación metalmecánica otorgados por Ternium-Expoagro. Un jurado exigente, integrado también por los socios alemanes de DLG, la organizadora de Agritechnica de Hannover. Ellos se sorprenden en particular con los desarrollos que apuntan a una agricultura más eficiente, más liviana y de mejor huella de carbono.

Aquí podemos hacerlo. La maquinaria argentina se exporta a medio centenar de países, entre ellos los de agricultura más avanzada. Estados Unidos, Canadá, varios países de Europa (en particular Europa Oriental, donde se requiere más tamaño), Australia, Rusia, Kasajstán.

Y hay mucho más. En esta saga extraordinaria hay una presencia femenina cada vez más importante. Varias empresas de primera línea son presididas por mujeres. Es el caso de Agrometal, cuya titular es Rossana Negrini, quien además presidió la Cámara de Fabricantes de Maquinaria Agrícola. Ahora en AFAMAC, la Cámara del rubro en la provincia de Córdoba, también la presidenta es una mujer, Luciana Mengo. Y la secretaria es Valeria Piersanti, de la fábrica de Noetinger con memorable trayectoria en plataformas de cosecha. Alli está también Cristina Monteverde, titular de Montecor en Monte Buey.

En este marco, se inscribe el lanzamiento de la cosechadora de Metalfor, un hito más en una historia riquísima. En la cancha se ven los pingos, pero el pedigree es excelente. Cosas que se hacen con tiempo y entre todos.

Clarín – Héctor Huergo