Jueves, 25 Marzo 2021 02:26

Agricultura. Viviana Galli, el ADN de una contratista de fierro y con mucho compromiso social

La contratista Viviana Galli (48 años) nació en un campo cercano a Juan Nepomuceno Fernández, un pueblo de 3.500 habitantes que está 80 kilómetros al noroeste de Necochea. Creció ayudando en los potreros a su padre Mario Roberto Galli (76 años), productor y contratista. “A los 13 años manejaba el tractor Deutz 55 y transportaba el sinfin para ayudar en la cosecha. También vacunaba a los animales, participaba de las yerras y andaba a caballo por todos lados”, contó en una entrevista con Clarín Rural. Sabe en primera persona lo que es el compromiso con el trabajo que está en el ADN de los contratistas. “A Papá lo contrataban para trabajar en el norte de la provincia de Buenos Aires y se perdió un montón de fiestas importantes”, recordó.

Como los caminos eran intransitables cuando llovía, cuando comenzó cuarto grado se quedó a vivir en el pueblo con sus abuelos Juan Ferrari -el relojero de Juan Nepomuceno Fernández- y Olga Suárez. “Lo increíble es que cuarenta años después los caminos siguen igual”, aseguró.

Al terminar el secundario, se formó como docente y enseñó informática e inglés en una escuela de Nicanor Olivera, un pueblo al que todo el mundo le dice Estación La Dulce. “Trabajaba como maestra suplente en la primaria y en la secundaria y en el 2016 me quedé sin trabajo porque obligaron a los docentes titulares, que estaban en otros roles, a retomar sus cargos”, explicó.

En la encrucijada apostó por el oficio de su padre y su familia (su esposo Christian Milano también es contratista). Con su hermano Fabio, le pusieron un ultimátum a su padre. Le dijeron que había llegado la hora de que descanse y que ellos iban a tomar la posta. Viviana se especializó en la siembra (trigo, verdeos, pasturas y soja) y Fabio en la cosecha.

Lleva cinco años con el tractor y la sembradora como ocupación full time, muchas veces durmiendo en la casilla junto a su esposo aunque tienen las empresas separadas. Sabe perfectamente que es imperativo invertir. “Los contratistas vivimos empeñados porque el productor te exige tecnología de punta y está bien. Acabo de cambiar la sembradora para que tenga paralelogramo y pueda copiar las lomas y desniveles del terreno y sembrar siempre a la misma profundidad”, destacó.

La preocupa mucho la erosión del margen de rentabilidad de los contratistas. Todos los insumos están dolarizados (fierros, repuestos y combustible) pero la tarifa se cobra en pesos. “Y con cheques a tres meses muchas veces”, contó.

También las incertidumbres de un tipo de cambio volátil y una economía muy incierta. La escalada del dólar obligó a su marido a devolver una cosechadora y tuvieron que trabajar muy duro para recuperarse, pero siguen apostando al campo y a su comunidad.

Galli es la presidente de la cooperadora del hospital municipal, integra la comisión directiva del Centro Cultural, participa de un programa de radio en Necochea y escribe columnas para un diario de la zona. En octubre del 2019 expuso sobre la situación de las mujeres rurales en el Senado.

Entre tanta siembra y cosecha tienen un acuerdo familiar: estar en las fiestas importantes. “Cuando bautizamos a mi hijo Jonathan (tienen otra hija que se llama Nicole), mi marido dejó los fierros y vino. Y yo tengo la misma prioridad. También tengo claro que es preferible hacer menos hectáreas, pero hacerlas bien”, insistió.

En un laburo tan asociado a los hombres, Galli nunca sintió diferencias. “Me conocen de toda la vida y saben que sé hacer este trabajo”, concluyó.

Clarín – Gastón Neffen